jueves, 1 de marzo de 2012
Luego del precipicio.
¿Cómo se siente caer desde el abismo y saber que no hay suelo? Es la nada eterna, caer, caer, caer. Rendirse.
Podes fingir todo lo que quieras, nunca nadie notará la diferencia. Estas sola en la tempestad. Tus demonios salieron a pasear, ya no te pueden soportar.
Te quedan pocas opciones, entregarte al dolor o encerrate en la desesperación. Elegí sabiamente, no hay vuelta atrás. No esta vez.
De a poco lograste desprenderte de tu sutiles engaños, ahora todas tus mentiras cobraron vida. Y son tu única compañía.
Nada más triste, nada más justo. Predecible.
Al borde de la locura, de la enfermedad. Tu sonrisa siniestra ilumina; tus ojos vacíos acallan la noche y avivan una silenciosa tempestad. Espero haberme alejado lo suficiente para que tus lágrimas no me salpiquen en ese momento.
¿Te queda alguien más por alejar? Te perdiste y no lo queres admitir. No te queda nada por lo cuál luchar, excepto por todo lo que dejaste atrás, y se lo llevo el mar.
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