domingo, 4 de marzo de 2012

Deslumbrar.

He vuelto del infierno, me deshice de todos mis demonios, pero luego descubrí que yo era uno más de ellos.
¿No hay lugar en tu cielo para mis suplicas? Tus ojos color océano no son de aceptar misericordia, lo sé. Me costo 7 años y medio entenderlo, pero finalmente lo hice. Aunque para ese tiempo tus ojos ya se habían desgastado de tanto llorar, tanto que no quedo más que un leve tinte gris en ellos.
Bajó la Luna y lo único que resplandecía era mi  miedo. De alguna manera te las ingeniaste para hacer tu ego brillar, una vez más. La luz enceguecía, pero no te pareció importar.
Tomaste hasta la ultima gota de vino blanco que había en la copa, pero siquiera eso logró que te tragaras tu orgullo. Así que la próxima vez, me aseguraré de que bebas cianuro,  aunque más efectivo sería que tragues todos tus inconsistentes discursos. Eso sin duda, es una muerte despiadada y dolorosa.

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