viernes, 1 de junio de 2012

Contemplar.


Las lagrimas blancas enmarcaban la belleza de su rostro, y casi no se distinguían de su piel. pero brillaban, resplandecían; como si fuera parte de un brebaje divino que desbordaba luz. Quizás era la luz de la Luna reflejada en sus ojos cristalinos, quizás sus lágrima realmente eran parte de un diseño divino. De cualquier manera, ella lloraba mientras, en silencio, yo contemplaba.
La habitación  pareciera dividirse en dos; ya que por más de encontrarse en penumbras , del lado de la ventana  que estaba próxima a la puerta había una generosa luz que permitía ver con cierta claridad, la suficiente como para notar los detalles de la expresión de su rostro. Del otro lado, la oscuridad era impenetrable, como si se tratara de un manto negro que ocultaba lo que había en las paredes, al fondo del cuarto.
Ella seguía llorando, y casi se podía sentir el nudo que atravesaba su garganta. Miles de palabras anudadas que la asfixiaban. Y yo.. yo contemplaba en silencio, sin saber que hacer.
Lo que dijera en ese momento no iba a ser de importancia alguna; ella estaba sumergida en sí misma, o quizás en  el reflejo de la ventana, o la oscuridad que por detrás la asechaba. De cualquier modo, ella no respondía a mi presencia. Así que contuve mis respiración por unos segundos, exhale y me dí media vuelta.
Prepare un té de hierbas que a mi parecer olía a rosas y lavanda, se lo lleve hasta la habitación y casi, por scostumbre, prendó la luz. Afortunadamente tomé conciencia de que esa no era la mejor opción, ella se pondría histerica si la rompiera con la oscuridad en donde se estaba refugiando. Me acerque y le deje la taza de té a un lado. Al cabo de unos segundos, ella giro su cabeza, sin mirarme, como si me estuviese evitando y observo al taza de té. Pude notar que había dejado de llorar.
Quede inmóvil, sin poder ocultar mi duda. ¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Qué tendría que estar sintiendo? Y lo más importante ¿que debería decir, si es que hay algo para decir? No hice nada, solo me quede contemplando la Luna a través de la ventando, escuchando el viento contra el cristal.. y las lágrimas que ella empezó a derramar, nuevamente.
Me senté, y le dije: -Te lo mereces. Acto seguido me aleje, aún sin entender porqué dije algo tan frío, tan insensible. Me sentí como una mierda o un poco menos.
Hasta que ella respondió: - Lo sé.
Y eso dolió, realmente dolió. Me sentí como nunca antes me había sentido, me mire en el reflejo del vidrio y me dieron ganas de romperlo, de romperme. De deshacer todo lo que dije e hice, de deshacerme, de nunca haber nacido. Pero no, no hice nada, sólo me quede en silencio, contemplando la Luna y la profundidad de un cielo vacío, sin estrellas. Cuando de alguna manera tomé conciencia de que por mis mejillas recorrían lagrimas, tal como si de una llovizna se trataran. Empapaban mi rostro con  cálidamente pero a la vez me sofocaban, no me dejaban pensar, me molestaba. Y luego, un nudo en la garganta. Miles de palabras enredadas, atravesadas. Entonces, justo ahí comprendí que de ella me separa una distancia abismal, pero sin embargo, somos más de lo mismo.