Su belleza es sólo comparable al caos que lleva consigo. Magnifico, sublime, único. Perfecto desastre.
Los días podían pasar sin que ella lo notara; nunca tuvo noción del tiempo y nunca entendió la utilidad de tenerla. Era Marzo, cálido y húmedo; como los encuentros íntimos que a ella le fascinaban, como los que sólia despreciar a la mañana siguiente.
Su vida es bastante vacía, es que su cabeza esta repleta de pensamientos inútiles; un verdadero tormento. Su existencia, casi insignificante, es un verdadero sufrimiento para aquellos que tienen la desgracia de quererla. Es que amar a alguien incapaz de ser feliz o triste es algo muy dificil. Sus emociones varían entre una euforia desenfrenada y un estado que esta a tres pasos del suicidio. Ningún matiz intermedio.
Siempre al límite y en la nada al mismo tiempo. Se sabe perder en sus propias alucinaciones y ha dejado que sus sueños la consuman.
La vanidad con la cual coquetea todas las mañanas contrasta monstruosamente con la desprecio con el que se mira al espejo por las noches. Y aún así... aún así capturó todos mis sentidos y me redució a un ser que no puede pensar en otra cosa que no sea ella. Su siniestra sonrisa, sus cenizas cancerígenas, el olor a jazmín de su pelo, esa mirada intoxicante que la hace radiar...
Esa mujer es una señal de advertencia, pero ¿Qué es el amor sino una señal de advertencia? Es enfrentarse al peligro lo que te hace sentir vivo, es tener la posibilidad de salir lastimado y sin embargo intentarlo, es ver a los ojos a tus demonios y al fin tener las agallas de desafiarlos. Puede salir mal, muy mal, extremadamente mal; y aún así elijo amarla. Porque ya no tengo otra opción.
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| Sólo después del desastre podemos ser rescatados. |

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