Es un sueño como cualquier otro, pero lamentablemente mis pesadillas no dejan lugar para nada más en mi cama.
Y como de la nada, mis temores se escapan del closet y salen de gala a la ciudad, toman champagne con distinción, y de vez en cuando me recuerdan lo débil que soy.
Así que procuro empastillar esta siniestra alucinación, hasta que el día arranque los espejismos que empapelan las paredes de mi habitación.

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