Esa horrible adrenalina que recurre tu cuerpo sumada a los nervios que se intensifican a cada instante, cuando la desesperación y la agonía se esparcen por la habitación de paredes acolchadas. Las palabras de pronto se tornan en peso muerto, el aire se vuelve cada vez más espeso y la salida no fue más que una ilusión, algo que nunca se materializo porque "todo está en la mente".
La vida transcurre dejando mucho que desear, y deseamos porque no nos atrevemos a actuar. Todo está mas allá, fuera de lugar. Y a veces nos acercamos lo suficiente como para hacerlo real, pero nunca lo bastante cómo para alcanzarlo, es que si lo hiciéramos, lo más probable es que lo encerremos y lo atesoremos, pero así nunca seríamos capaces de disfrutarlo. De esa manera condenamos a los sueños como inalcanzables y a lo desconocido como locura.
Pero quién sabe, cada persona con su grado de insanidad mental y su modo de aceptación de la tal.
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