Con el pasar de los años he aprendido que a veces hay que correr para quedarse en el mismo lugar, y otras dejarse caer para tener otro punto de vista.
Desde abajo se pueden apreciar las raíces, desde abajo se puede notar la inmensidad del cielo y la pequeñez de nuestra existencia. También es una oportunidad para levantarse y empezar un camino nuevo, desconocido; tener la chance de hacerlo nuestro, de llegar hasta donde nunca nos hubiéramos atrevido a soñar.
¿Y sí la vida no es más que un sueño?
Entonces estamos en el camino correcto, a un paso del País de las Maravillas. Cerca de lo incierto, cerca de lo imposible.

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