martes, 14 de febrero de 2012

17 y 25

Es la pasión del momento lo que nos llevo a la eternidad, lo que nos regaló una felicidad tan pura como nuestros deseos. En cada beso, cada cáricia, cada delirio de amor puedo encontrar algo que jamás imagine hallar, siquiera tenía idea de la existencia de semejante maravillosos sentimientos. Y es todo nuevo y familiar; todo fantástico y real. Lo que siempre quise experimentar pero nunca me atreví a soñar.
El tiempo desprendió las dudas, afirmo las certezas. Creamos un cielo debajo de las sábanas de algodón, mientras entre medio del primer y segundo piso encontramos un refugio para los dos.
Buscamos y nos dimos por vencidos, nos encontramos y aprendimos a valorar los pequeños instantes con los cuales se construye la perfección.
Nos miramos el uno al otro y planeamos un futuro implacable, como si tuviéramos idea de que hacer con nuestras vidas; pero supongo que eso es soñar despierto, y durante 8 meses eso es lo que he hecho. Puede que la mitad de las cosas que hayamos hablado nunca se concreten y aún así va a ser perfecto, aún así voy a ser feliz. Porque yo soy feliz ahora, y en este presente no tenemos más que amor incondicional, estabilidad y miles de recuerdo para la eternidad. No necesitamos más, pero nunca podríamos dejar de soñar.
Tu Sol quema mi infierno, sofoca mis demonios. Es que he encontrado un lugar en el cuál estoy a salvo; tus brazos.
El 17, el 25, son marcas que quedaran en mi piel, en mi alma. Marcas que no pueden desparecer como si nada, porque ya son tuyas y nadie nunca te las podrá quitar. Ni yo, ni siquiera vos te podrás deshacer de nuestras acciones, nuestro amor. Es eterno y vive en este momento; vive en nuestro espíritu adolescente y la inocencia que dejamos atrás.

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