Ahuecando su corazón, deshilachando las ilusiones que la apresaban.
Inmóvil estaba, arrinconada. Esperaba el alba en la habitación de las paredes acolchadas.
Una lágrima se deslizó, como gota de rocío en una mañana de Marzo; pura y fría. Recorrió su mejillas y cayó al piso, se perdió en un mar de miserias.
Despertó entre sueños rotos y rimel corrido; el alba ya había pasado... Sus deseos de contemplarlo y sentirlo en su piel también.

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