Hay gente que no entiende el valor de una contradicción, que inclusive las desprecian como si se tratasé de algo nefasto, de un pecado ¿¡Cómo despreciar aquello que nos hace humanos!? Sí, humanos, muy humanos.
Somos el resultado de la constante contradicción entre nuestros sentimientos y nuestros razonamientos. No más que la fatídica lucha entre las emociones y las acciones: los recuerdos y las ilusiones.
Contradecirse es parte de crecer, de abrir los ojos, de vaciar los sentimientos... Y que tiré la primer piedra el que esté libre de pecado.
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