En un instante de efemeridad, nuestro fatalismo se dejo llevar, impulsado por el alcohol y la distorsión de nuestra visión . No pudimos ver más allá, no quisimos mirar hacía atrás, nos dejamos guiar por las agudas voces que resonaban en el aire.
Y en ese momento nada importaba, nada era real; no había manera de fallar, en el peor de los casos: ya estábamos perdidos. Así que caímos en nuestras fantasías, nos sumergimos de lleno en nuestra alucinación, nos ahogamos en la desesperación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario