Esa mirada cristalina que contempla el vació, con un leve tono de optimismo, no pareciese tratarse de la misma persona que hace dos horas fue reducida a cenizas por su propio ego.
Su grandeza, su orgullo, su empatía por el narcisismo; todo eso y aún más se deslizaba por su garganta en modo de discurso. Las palabras fluían tal cuál agua de río, los pensamientos pasaban sin filtro y desembocaban en un pedestal de hierro.
¿Y? Todo en calma...
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