lunes, 16 de mayo de 2011

Perder sin jugar.

"No podría dejarla" Eso dije. Cuando llego el momento de cuidarla, no lo hice. La dejé sin mirar atrás, fui tan cobarde como siempre pensé que era y todavía un poco más.
Le escribí un poema y lo guarde en donde nadie nunca lo podrá leer, porque no soy capaz de asumir mis sentimientos frente a ella,  porque soy un idiota que oculta el hecho de ser idiota.
 Nunca le di a entender que sin ella yo no era más que una persona perdida en este mundo; y la perdí.
Perdí el poema, la perdí a ella y luego me perdí a mi mismo, para tratar de crear un poco de empatía. Aunque de nada sirvió; el silencio seguía allí, consumiéndose junto con mi cerebro.
Buscar, buscar... "¿Para qué, si  no tuve las agallas antes.. Qué cambiaría ahora? " Me pregunte a mi mismo, y como un estúpido me quede un par de minutos esperando la respuesta, como si de otra persona se tratase.
 "Voy a cambiar" me dije frente al espejo. Dí media vuelta... dejando atrás mi reciente promesa, convirtiéndola en un fantasma.

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