lunes, 11 de abril de 2011

Él entre destellos grises y violetas.

Sumisa y perdida se encontraba su mirada. Y contemplarla era observar mi vida a través de un cielo gris, casi translucido, era tan convencionalmente diferente con ese aire a misterio de ciudad.
Era tan hermoso de ver, tan deprimente de observar.
Sigilosamente se susurraba en el viento palabras al azar, una de ellas se estaciono en su oído y él miro hacia atrás por no más de cinco segundos. Pero con eso basto para darse cuenta de mi mirada invasora, mi sonrisa nerviosa, mi mente dispersa... mis pensamientos enfermizos.
El escape fue solo un intento, un mediocre intento que se desvaneció junto con el atardecer.







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