domingo, 3 de abril de 2011

Deshecha.

Las sábanas blancas sobre el suelo fueron el perfecto lienzo para dibujar la pasión. Esa noche fue tan adictiva como el aroma a café y el tabaco de la mañana siguiente.
Entre los suspiros que se llevo el viento y las palabras que quedaron atrapadas bajo la almohada, dos almas encontraron un cálido instante en el cuál refugiarse el resto de su vida. Aunque ese bello momento sería olvidado con la salida del Sol.


Y como culparlos si la vida se compone de esos hermosos episodios que no duran mas de unos segundos y que nunca son apreciados lo suficiente. Damos todo por sentado, lo perdemos, lloramos -y qué más hacer, si es lo primero que aprendemos luego de salir del vientre de nuestra madre.- y rogamos por una segunda oportunidad a algo Superior a nosotros.


Y nada es más humano que buscar una respuesta celestial mientras uno se encuentra atascado en un infierno terrenal. 

Los amores van y vienen, las noches terminan en cuestión de horas, los días se marchitan con el Sol; y la vida, tan efímera y complicada cómo es; sigue sin problema alguno porque nunca dependió de nosotros, es ella la que nos hace y deshace, nosotros solo elegimos en base a las condiciones que nos dio desde un principio.

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