Negamos nuestra complicidad con el dolor, buscamos refugio en la desesperación, empujamos el límite cada día un poco más sin saber hasta donde podíamos llegar, sin saber a dónde queríamos llegar.
Tomamos un pedazo de tierra y lo llamamos hogar. Lo purificamos con amor, lo curamos con lágrimas, pero no era mas que una porción de suelo recubierta de suciedad.
Sembramos esperanzas pero olvidamos regarlas, dejamos que el tiempo pase y aniquile la vida que pudo haber florecido con tan sólo algo de cuidado.
Y es que toda la culpa es tuya, toda la culpa es mía. Lo único que acordamos es que el tiempo fue lo que nos devasto por completo.
Las mentiras cristalinas que se derretían en mis oídos y los ecos de tu silencio, son los únicos recuerdos que guardo bajo mi almohada.
Las nubes de algodón con las que dibujabas la perfecta sonrisa, mientras acariciabas el abismo, están bajo llave. Y no tengo intención de abrirlas. Ya es suficiente frustración con saber que respiramos el mismo aire.
En esta mezcla de sentimientos, recuerdos, sueños y deseos decido quedarme con las efímeras palabras que lanzaste al viento y un agridulce "Adiós". Aunque, no se por cuánto tiempo lo pueda conservar.
En esta mezcla de sentimientos, recuerdos, sueños y deseos decido quedarme con las efímeras palabras que lanzaste al viento y un agridulce "Adiós". Aunque, no se por cuánto tiempo lo pueda conservar.

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