Imposible fue mirarnos a los ojos sin que una lágrima acaricie nuestro rostro, pero eso no nos impidió actuar con indiferencia.
El orgullo, la vanidad y la soberbia nunca nos sentaron mejor.
Entretanto pase el tiempo, seguiremos buscando argumentos para algún (no tan) casual encuentro; seguirás creando coincidencias mientras yo simulo saber lo que quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario